DIA 9 - 1/19/26

"Hijos Amados – Una Identidad que Brilla"

2 Corintios 6:18 (NBLA)  18 »Yo seré un padre para ustedes, Y ustedes serán para Mí hijos e hijas», Dice el Señor Todopoderoso.

Este versículo nos recuerda que Dios no nos ve como extraños, sino como familia. Es una promesa viva que cambia todo.

Imagina tu vida como una casa: si la base es inestable, todo se tambalea con el viento. Pero cuando tu identidad está fundada en Dios, es como una roca firme que resiste cualquier tormenta. Ser hijo o hija de Dios no es solo un nombre bonito o una etiqueta que ponemos en la iglesia. Es una realidad viva que toca cada parte de tu día: cómo te levantas por la mañana, cómo tratas a los demás, cómo enfrentas los problemas.

Dios te dice: "Yo soy tu Padre, y tú eres mío". No es algo pasivo, como sentarte a esperar. Es un llamado a moverte, a caminar como Jesús lo hizo. Él nos invita a ser sus discípulos: a amar con el corazón abierto, a servir sin esperar aplausos, a sacrificar un poco de nosotros por los demás. Claro, el camino tiene baches pruebas que duelen, días oscuros que cuestionan todo.

Pero en medio de eso, la gracia de Dios llega como un abrazo: nos sana, nos levanta y nos moldea para ser más como Él. Su amor no es frágil; es el combustible que nos da esperanza y nos hace crecer en fe y carácter.

Y aquí viene lo emocionante: como hijos e hijas de Dios, somos sus testigos vivos. No se trata solo de hablar de Él en un sermón, sino de mostrarlo en lo cotidiano. Tus acciones, tu forma de escuchar a un amigo en crisis, tu paciencia en el tráfico o tu generosidad con un vecino –eso es tu testimonio. Es bondad real, compasión que no juzga, humildad que no busca el centro del escenario. Es una luz que no se apaga, ni en la oscuridad más profunda. Brilla a través de ti, atrayendo a otros hacia el amor y la esperanza de Dios.

Este legado no es solo para ti; se pasa de mano en mano, de generación en generación. Nos dice que no estamos solos en este viaje: somos amados, con un propósito que va más allá de nuestras fallas o límites. Abraza esta identidad con alegría, esperanza y valentía. Tú, sí tú, tienes el poder de cambiar tu mundo tu hogar, tu trabajo, tu comunidad con amor y luz. Dios lo cree de ti. ¿Lo crees tú?

Oración Padre amoroso, gracias por hacerme tu hijo o hija. En este ayuno, me rindo ante Ti para que limpies mi corazón de dudas y distracciones. Ayúdame a ver mi identidad como algo sólido en Ti, no en lo que el mundo dice. Lléname de tu gracia para caminar como Jesús: amando, sirviendo y brillando. Que mi testimonio sea una luz que guíe a otros hacia Ti. En el nombre de Jesús, amén.

Acción del Día

Hoy, elige una acción simple para vivir tu identidad: envía un mensaje de aliento a alguien que lo necesita, ayuda en algo pequeño sin esperar gracias, o comparte una historia de cómo Dios te ha sostenido. Al final del día, anota cómo te sentiste al reflejar Su luz.