DIA 16
La Identidad de la Iglesia en el fuego del Espíritu Santo
Hechos 1:8–9 (NBLA) 8 pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».
9 Después de haber dicho estas cosas, fue elevado mientras ellos miraban, y una nube lo recibió y lo ocultó de sus ojos.
En el corazón de la iglesia de Avivamiento late una identidad única: somos la casa del Espíritu Santo, un río vivo donde el poder de Dios fluye sin cesar. No somos solo un grupo de creyentes; somos testigos empoderados, nacidos del fuego del Pentecostés, listos para impactar el mundo como los apóstoles de antaño. ¿Recuerdas esa chispa inicial que te hizo decir "sí" a Jesús? Para los misioneros pioneros pentecostales, no era solo un recuerdo; era el fuego que los impulsaba a cruzar océanos y culturas. Creían que el bautismo en el Espíritu Santo no era un "extra" opcional, sino la base misma de su –y nuestra– identidad como iglesia. Nos prepara, nos llena de poder y nos hace testigos audaces, predicando el mismo mensaje de Jesús: arrepentimiento y fe. Los primeros convertidos recibían la misma promesa: el Espíritu descendiendo con lenguas como evidencia inicial, un sello físico de que Dios estaba –y está– obrando en su pueblo.
Esta identidad no busca emociones pasajeras; es el arranque de una vida y un ministerio empoderados que define quiénes somos como iglesia. Lucas, en Hechos, lo muestra claro: el derramamiento del Espíritu trae poder para testificar. Las últimas palabras de Jesús resuenan en Hechos 1:8 (NBLA): "Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra". Luego, en Hechos 4:31, tras orar, "el lugar donde estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban la palabra de Dios con denuedo". ¡Predicaban con valentía! Ese patrón eterno moldea nuestra identidad eclesial:
Buscar: Oramos y esperamos con hambre de su presencia, como una familia unida en ayuno y clamor.
Recibir: El bautismo nos inunda con lenguas y dones, sellando nuestra unidad como cuerpo de Cristo.
Predicar: Salimos con coraje, testificando en nuestra "Jerusalén" nuestra comunidad, ciudad o nación y más allá, haciendo milagros cotidianos.
Hoy, como iglesia de Avivamiento, no nos conformamos con menos. No es un evento aislado; Pablo nos urge en Efesios 5:18 (NBLA): "No os embriaguéis con vino... sino sed llenos del Espíritu". Es un mandato continuo, un flujo constante que nos refresca y empodera. En un mundo que apaga el fuego, nuestra identidad de avivamiento: vivimos llenos, hablando con denuedo, viendo milagros y haciendo discípulos. El Espíritu nos equipa para ser misioneros en lo cotidiano en familias, trabajos o calles, extendiendo el reino con pasión pentecostal.
Oración: Padre, como a esos pioneros, derrama tu Espíritu sobre nuestra iglesia. Ayúdanos a buscarte con todo el corazón, a recibir tu bautismo en unidad y a predicar tu palabra con valentía colectiva. Que seamos un testimonio vivo de tu poder fluyendo. En el nombre de Jesús, amén.
Acción: Hoy, en tu grupo pequeño o servicio, dedica 10 minutos a orar por llenura del Espíritu. Luego, comparte en círculo una historia de cómo Dios obró en la iglesia un "testimonio con denuedo". ¡Verás el fuego avivarse en todos!